Se divertían mirando por aquella ventana. A veces se imaginaban en otro lugar,en otro tiempo, pero la ventana era la misma, de aquel cristal opaco que deformaba las cabezas y los cuerpos de la gente. Cuando llegaba el invierno los dos hermanos se sentaban en la mesa del comedor y hacían sus deberes. A través de la ventana entraba una pequeña luz. Su padre siempre les había dicho que en la vida hay dos tipos de persona ''los que miran a través de la ventana'' y ''los que miran desde la ventana''.
Pasaba el invierno y con el verano la luz era más intensa. Se desdibujaban formas de pájaro y de sombreros elegantes, a veces se veía la forma de una mujer tender las sábanas, como en las películas americanas. Y era eso lo que les hacía reir a los hermanos, que siempre recordaban las palabras de su padre sobre las personas.
Un día llegó aquel invierno en el que las penas ahogan a las almas, o son las almas quienes ahogan a las penas, y desde la mesa del comedor se oyó por primera vez el primer suspiro que acompañó de forma monótona a los pasos del doctor.
Ya no hubo más verano en aquella casa. Quizá no me entiendan, hay historias que ni uno mismo entiende, pero mientras estaba sentado en aquella mesa años atrás nunca entendí aquellas palabras hasta escuchar los pasos del doctor y hasta que pena quiso ahogar su alma.
Entendí a papá mientras miraba a través de la ventana: ''en esta vida hay dos clases de personas, los que miran a través de la ventana y los que miran desde la ventana''
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